ETIMOLOGÍA DEL TÉRMINO MAGAZ

Tradicionalmente el nombre de Magaz ha estado asociado con el de maga, en honor a alguna hechicera que quizá vivió en lo alto del cerro, de este modo el significado del nombre de Magaz sería el del «Poblado de la Hechicera». También se ha interpretado que su nombre viene de la raíz magg que significa grande, significando Magaz «Pueblo Grande».

Sin embargo, quizá la explicación esté en los propios campos de la localidad. Pues hay dos términos de similitudes fonética que provienen del gallego y del portugués que se refieren a dos plantas que hoy en día pueden verse en nuestras tierras.

Por un lado, la magarza o matricaria (Argyranthemum frutescens) que es una planta con unas flores amarillas en su parte central y blancas en el exterior, que se han usado en la medicina tradicional por sus propiedades como antiespasmódico y emenagogo.

Por otro lado, el término podría provenir de magaça y a su vez del latín amaricacea (que se traduce por agridulce) del que se deriva el amáraco castellano, que es la planta llamada mejorana u orégano (Origanum majorana).

A su vez, estos términos también explicarían el origen del nombre de la única fuente de la localidad, Fuente amarga.

PRIMEROS VESTIGIOS

A pesar de la precariedad de datos, algunos de los vestigios encontrados en las localidades cerrateñas, atestiguan la presencia de habitantes en esta zona ya desde el Neolítico.

De la segunda Edad de Hierro contamos con dos necrópolis, en Tariego y Palenzuela, encontrándose restos de vasos cerámicos, clavos, brazaletes de hierro, y anillos de bronce, la zona fue poblada posteriormente por gentes celtibéricas hasta la llegada de los romanos.

No obstante, la localidad de Magaz de Pisuerga cuenta con importantes vestigios que hablan de la intensa actividad de la zona desde tiempos antiguos.

  1. YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE “ EL POSTE” (Los Llanos de Magaz)

Se encuentra ubicado en el entorno del kilómetro 79.9 de la carretera nacional 620, sobre una pequeña loma. Los vestigios han ido desapareciendo entre la carretera y el canal, pero algunos de los restos se conservan en el Museo de Palencia: vasos globulares, cuencos, crisoles, hachas pulimentadas, piedras de sílex… Este yacimiento se puede adscribir dentro del Calcolítico precampaniforme.

  1. OTROS YACIMIENTOS

De época romana se puede encontrar el enclave de “el cementerio y ermita de nuestra Señora de Villaverde” donde se constatan cerámicas y materiales de construcción. Algunos de estos restos se datan en la época tardorromana, aunque otras cerámicas encontradas en la misma zona fueron realizadas a torno, dato indicativo de una ocupación medieval.

También de esta época medieval es el enclave de “Las suertes” y “El rosal”, donde se han encontrado esmaltadas de cronología bajomedieval.

Por último, se debe hacer alusión al yacimiento denominado “Los Tordos”

EVOLUCIÓN HISTÓRICA

Cuando en el año 218 a.C. llegaron a nuestra península los romanos, las tierras de Palencia estaban ocupadas por los vacceos, a excepción de alguna penetración de los pueblos cántabros en el norte. Se produce entonces un periodo de importantes batallas, las guerras celtibéricas y la guerra contra los vacceos. En ese momento las tierras palentinas se caracterizan por un abaja densidad de población y escasa urbanización, con gran predominio de las labores agrícolas y con grandes latifundios, lo que ocasionó que esta zona se convirtiera en un asentamiento principal en Hispania.

Fruto de esta importancia puede encontrarse una importante impronta materializada en las calzadas romanas. Durante la época romana el trazado de los caminos, respondía al control y explotación del territorio y también a la comunicación de centros importantes, y dentro de este trazado se puede encontrar el punto que enlazaba el tramo palentino del Itinerario 32 y 34 en Calzadilla de la Cueza y conducía a Clunia, recorriendo Quintanilla de la Cueza, Paredes de nava, la actual ciudad de Palencia, Magaz, Baltanás, Cevico Navero…

Posteriormente, en el siglo V, las tierras palentinas sirven de asentamiento para los visigodos. Ambos, visigodos y romanos, convivieron en el tiempo. Los primeros respetaron a los romanos con respecto a asuntos económicos y sociales, manteniéndose para ellos el cultivo de cereales, trigo, cebada y en menor grado viñedo, hortalizas, legumbres, etc… Y aprovecharon sus conocimientos y costumbres, continuando con el uso del arado romano y la rotación bienal (siembra-barbecho). Con respecto a la ganadería se desarrolló, sobre todo, la cría de oveja.

En el último tercio del siglo IX, el rey Don Alfonso III con sus tropas cristianas reconquistaron el lugar de Magaz y le repoblaron poco después. Asimismo, se fortificó la villa y el castillo para preservar toda la zona de incursiones musulmanas.

A lo largo de los siglos XII, XIII y XIV, durante el gobierno del quinto obispo de Palencia, don Pedro I de Ajén, que ejerció como tal de 1110 a 1139, la reina castellana Doña Urraca y su hijo Alfonso VII llevaron a cabo la donación de la villa de Magaz y un soto cercano a ella al mencionado gobernador. Este episodio fue motivado por la respuesta de los reyes en favor de las atenciones que había tenido por defender la casusa de la monarquía y soportar las persecuciones y vejaciones que había sufrido por ello el mitrado palentino.

A finales del siglo XIII, concretamente en el año 1296, las tierras de campos sufrirán una terrible peste que se repetirá años más tarde (1302 y 1303) junto con grandes periodos de sequía, lo que ocasionó la falta de alimentos y avocando a la muerta a la cuarta parte de la población de la localidad. Años más tarde, otra gran epidemia acarreó la despoblación de muchas villas, agravada en este caso por la insostenible presión fiscal a la que eran sometidos sus habitantes.

En el siglo XIV, Magaz de Pisuerga pertenecía al Arcedianazgo de Cerrato y Arciprestazgo de Astudillo, apareciendo a mediados del mismo la estadística más antigua de la provincia de Palencia, en la cual se indica: “En magaz en la egleis de Sant Mames deue auer tres prestes, un subdiácono, quatro graderos , que son con la media racion del curo quatro raciones de dos sesmas e media. E los diezmos deste logar pártense en esta manera e aquí non ay otra estimación de préstamos”

Poca información se dispone de los siglos siguientes, si bien existe documentación abundante desde mediados del siglo XVIII, cuando se sabe que la extensión del término de la villa medía algo más de cinco cuartas de legua. En aquel momento la tierra de la villa era de sembradura de secano, con viñas, prados, páramos y laderas de tierra infructífera por naturaleza, a excepción de tres huertas pequeñas plantadas de hortaliza y árboles frutales. La medida de tierra usada en Magaz era la obrada y la medida de las viñas y majuelos era en aranzadas (cada una de 400 cepas)

De cada fanega de grano recogido el producto debía pagar el diezmo al señor de las tierras. Estos diezmos pertenecían al obispo de la ciudad de Palencia, a la iglesia y fábrica de Magaz, repartidos del siguiente modo: un tercio para el obispo palentino, otro tercio dividido en tres partes, siendo dos para el Sr del pueblo y una para la iglesia y fábrica, y un último tercio repartido entre los tres beneficiados de preste de la villa.

La villa no contaba con un sitio destinado exclusivamente a taberna, ni tampoco a panadería. Los vendedores ejercían su actividad en sus casas y bodegas, y de no ser posible se sacaba a público pregón. Había una casa que hacía de carnicería, en la que se sacrificaba el ganado y se vendía a los habitantes, casa que era propia del concejo y que se daba gratuitamente al obligado de este abasto. También existía una tienda como abacería, en la que se vendía aceite, pescado y legumbres, y que a la vez funcionaba como taberna.

Como lugares de reunión, Magaz disponía en este tiempo de una casa–mesón propio del común del pueblo, que servía para hospedar a forasteros y transeúntes, así como una casa propia de la Cofradía de la Santa Vera Cruz que servía de hospital para recoger a peregrinos pobres de solemnidad que vagaban por los pueblos pidiendo limosna. El hospitalero que cuidaba la casa y trabajaba en esta acogida, recibía el alquiler gratuito y no pagaba tributo.

No era difícil encontrar en la localidad un tratante, un escribano, un sacristán y un maestro de primeras letras, que a la vez trabajaba como sastre, un cirujano y sangrador asalariado.

Fuente: Faustino Narganes Quijano (2006). Magaz en la Historia. Crónica de una rehabilitación heráldica. Ed. Ayuntamiento de Magaz de Pisuerga.

Si quieres saber más sobre la historia de Magaz, pulsa aquí.